No sólo es un ataúd lleno de recuerdos, risas y llantos; no sólo es un ataúd con cuatro cuerpos abandonados injustamente... ahí dentro, descansan los restos de una era entera que nos ha unido a todos los que cargamos esa caja a hombros y que tantas cosas nos ha dado. Por eso estamos aquí, porque esta responsabilidad venía con el cargo que decidí ocupar y aunque algunos lo asuman con peores pulgas, todos estamos de acuerdo en que es el momento de rendir homenaje a los que se van y trazar una línea tras la que cada uno decidirá si quiere seguir o no.
Todavía me cuesta creer que sean los cuerpos de Gonzalo, Silvia, Kike y Nelson los que llevamos... y aunque, tampoco hace falta engañarnos, algunos nos duelen más que otros, sus cuatro tragedias han venido de la mano y las han hecho a cada cuál, más dura...
El agente de color que entró en la comisaría prometiendo aportar un aire fresco a "la patrulla basura" se marcha antes de que nos haya dado tiempo a conocerle de verdad... aunque quizás así, recordaremos de él sólo los buenos momentos y las risas.
Kike, el primero que defendió el papel de los homosexuales dentro de la serie, no hay que olvidarlo, deja coja a una pandilla hasta ahora inseparable,que necesitaba de su ironía y su sarcasmo para tirar adelante... y sobretodo, deja cojo su mejor amigo, que ya se quitó la careta de tipo duro en su día... y de bien seguro, después de esto, no podrá volver a ponérsela más...
Silvia se marcha dejando desolada a toda la comisaría... Padre, sobrina, cuñado, ex-marido, múltiples amigos y ex-concuñada y ahora esposa... porque sin ella el colectivo de las Pepsi se queda huérfano, y los demás, nos quedamos sin nuestra pelirroja de los desequilibrios emocionales favorita... sin la doctora Castro que tenía una respuesta para todo y una sonrisa que a pesar de que tardara en salir, siempre arreglaba algo.
Por último... Gonzalo nos deja sin haber podido enseñarnos todo de lo que es capaz... sin haber podido lucir esa corbata naranja a juego con el vestido de Rita en el baile de la boda y sin haber podido luchar para que eso saliera adelante. El "ritmo" de su corazón se paró mientras la abrazaba... y aunque algunos hayan tachado de cobarde su actitud ante el disparo, yo no puedo encontrar nada más heroico que intentar evitar que aquellos que te rodean sufran por algo que tú sabes bien que ya no tiene remedio.
